El Festival de Eurovisión atraviesa una de las etapas más complejas de su historia reciente. La celebración de su 70ª edición en Viena llega marcada por el debate sobre los límites políticos del certamen, la participación de Israel a través de KAN y el boicot anunciado por varias radiotelevisiones públicas europeas. La pregunta vuelve a repetirse entre seguidores, artistas, televisiones y analistas: ¿puede la Unión Europea de Radiodifusión expulsar a un país de Eurovisión?
La respuesta es más técnica que política. La EBU no excluye formalmente a “países” como entidades estatales, sino que regula la participación de sus miembros activos, es decir, las organizaciones de radiodifusión que forman parte de la Unión Europea de Radiodifusión. Según las reglas oficiales del concurso, la participación está abierta a organizaciones de radiodifusión que sean miembros de la EBU, con un máximo de participantes establecido cada año por la organización.
Por tanto, cuando un país queda fuera de Eurovisión por una decisión disciplinaria, el mecanismo habitual no es la expulsión directa del Estado, sino la suspensión, exclusión o pérdida de derechos de su medio de difusión público. Esa diferencia resulta clave para entender los precedentes de Yugoslavia, Bielorrusia, Rusia y el tratamiento actual del caso de Israel.
Eurovisión no expulsa países: regula la participación de emisoras miembro
El Festival de Eurovisión es una coproducción entre la Unión Europea de Radiodifusión y las televisiones participantes. Cada candidatura llega al certamen a través de una televisión pública o ente miembro de la EBU, que actúa como radiodifusor participante.
Esto implica que la elegibilidad no depende únicamente de la existencia de un país, ni siquiera de su reconocimiento internacional, sino de que su radiotelevisión cumpla las condiciones de membresía y participación establecidas por la EBU. Las reglas oficiales del concurso establecen que pueden participar las organizaciones de radiodifusión que sean miembros de la EBU, y que cada una de ellas puede presentar una canción y un artista para representar a su país.
Este matiz explica por qué Eurovisión ha afrontado históricamente las crisis políticas a través de sus televisiones miembros. Si una televisión pública deja de cumplir los requisitos de independencia, valores editoriales, integridad o pertenencia a la EBU, su país pierde la vía formal para competir.
Yugoslavia: el precedente de las sanciones internacionales
Uno de los primeros grandes precedentes se remonta a la desintegración de Yugoslavia. El país participó como Estado unificado hasta 1992, con Extra Nena como última representante en Malmö. Apenas unas semanas después, la República Federal de Yugoslavia, formada por Serbia y Montenegro, quedó fuera del certamen en el contexto de las guerras balcánicas y las sanciones internacionales.
El caso yugoslavo suele citarse como uno de los precedentes más claros de cómo Eurovisión ha reaccionado ante una crisis geopolítica de gran escala. La exclusión no se produjo como una decisión aislada del festival “por estar en guerra”, sino en un escenario marcado por las sanciones de Naciones Unidas y el aislamiento internacional de la República Federal de Yugoslavia. Diversas fuentes históricas recogen que Yugoslavia no pudo participar en Eurovisión tras 1992 debido a las sanciones de la ONU durante las guerras yugoslavas.
Las repúblicas sucesoras fueron incorporándose al festival a medida que sus respectivas radiotelevisiones accedieron a la EBU. Croacia, Eslovenia y Bosnia y Herzegovina comenzaron sus caminos de forma independiente, mientras que Serbia y Montenegro regresó al certamen en 2004, después de años de ausencia y tras la normalización de su relación con la organización.
Bielorrusia: suspensión de la cadena participante por falta de independencia y libertad de prensa
El caso de Bielorrusia es uno de los ejemplos más claros de suspensión de una emisora miembro. En 2021, la EBU acordó suspender a BTRC, la radiotelevisión estatal bielorrusa, tras meses de preocupación por la represión de la libertad de prensa en el país.
La organización explicó entonces que había seguido de cerca la situación de los medios en Bielorrusia y que había pedido a BTRC que defendiera los valores fundamentales de la EBU, entre ellos la libertad de expresión, la independencia y la responsabilidad editorial.
La suspensión de BTRC dejó a Bielorrusia fuera de los contenidos y eventos de la EBU, incluido el Festival de Eurovisión y el Festival de Eurovisión Junior, al menos mientras no existiera una televisión miembro habilitada para participar.
En este caso, el problema no fue solo la canción presentada en 2021, que ya había generado polémica por su contenido político, sino el deterioro general de las garantías editoriales del medio. La EBU actuó directamente sobre el miembro, no sobre el país como concepto político.
Rusia: exclusión rápida tras la invasión de Ucrania
El precedente más reciente y contundente es el de Rusia. Tras la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022, la EBU anunció que ningún artista ruso participaría en el Festival de Eurovisión 2022. La organización justificó la decisión señalando que la presencia de Rusia podía poner en entredicho la reputación del concurso.
Pocos días después, la EBU suspendió a los representantes de sus tres miembros rusos, RTR, Channel One y RDO, de sus grupos de gobernanza, incluidos el Consejo Ejecutivo y los comités estatutarios.
La decisión se produjo en un clima de enorme presión internacional. Varias televisiones europeas habían pedido la exclusión de Rusia y algunas amenazaron con retirarse si el país participaba. A diferencia de otros debates más divididos, el caso ruso generó un consenso rápido dentro del ecosistema eurovisivo, en un contexto de invasión militar abierta, sanciones internacionales y acusaciones de propaganda estatal.
Desde entonces, Rusia permanece fuera de Eurovisión y ha impulsado la recuperación de Intervision, un certamen presentado como alternativa al festival europeo.
Israel: una controversia histórica que alcanza su punto más crítico en 2026
La participación de Israel en Eurovisión se produce a través de KAN, la radiotelevisión pública israelí. El país debutó en 1973 y ha ganado el certamen en cuatro ocasiones. Sin embargo, su presencia en el festival ha estado rodeada de controversia durante décadas por el conflicto palestino-israelí, los boicots históricos de algunos países árabes y las protestas vinculadas a la situación en Oriente Medio.
La tensión aumentó especialmente en Eurovisión 2024, celebrado en Malmö. La candidatura israelí, interpretada por Eden Golan, fue objeto de una revisión por parte de la EBU después de que la canción presentada inicialmente, “October Rain”, fuera considerada problemática por sus referencias al ataque del 7 de octubre. La candidatura acabó siendo aprobada tras cambios en letra y título, ya como “Hurricane”.
Aquel año, la participación israelí estuvo acompañada de fuertes medidas de seguridad, protestas propalestinas y reacciones divididas dentro y fuera del recinto. La propia actuación de Eden Golan recibió abucheos y aplausos en un ambiente de alta tensión.
En 2025, la controversia escaló de nuevo tras la participación de Yuval Raphael, que terminó en segunda posición y ganó el televoto. Las críticas se centraron en la posible influencia de campañas de promoción externas, incluidas campañas institucionales, y en la presión creciente de artistas, colectivos y emisoras para revisar la participación de Israel.
La decisión de la EBU para Eurovisión 2026: nuevas reglas, pero sin votación directa sobre Israel
La gran decisión llegó en la Asamblea General de la EBU celebrada en Ginebra en diciembre de 2025. La organización no sometió a votación directa la expulsión o exclusión de Israel, sino que planteó una votación sobre las nuevas medidas de integridad y salvaguarda del sistema de votación.
La EBU había anunciado previamente cambios para reforzar la confianza y la transparencia del concurso. Entre las medidas figuraba la prohibición de que emisoras y artistas participasen, facilitasen o contribuyesen a campañas promocionales de terceros que pudieran influir en el resultado de la votación. También se contemplaban sanciones ante intentos de influencia indebida.
En la votación de diciembre, una amplia mayoría de miembros consideró que no era necesaria una votación adicional sobre la participación en Eurovisión 2026 y que el concurso debía continuar con las nuevas salvaguardas. La EBU comunicó que los miembros habían respaldado mayoritariamente las reformas y que el festival seguiría adelante según lo previsto.
El resultado publicado por varios medios especializados situó la votación en 738 votos a favor, 264 en contra y 120 abstenciones, lo que permitió evitar una votación separada sobre la participación israelí.
En la práctica, la EBU optó por mantener a KAN como emisora participante y afrontar la polémica mediante cambios regulatorios, no mediante una suspensión del miembro israelí.
España, Irlanda, Países Bajos, Eslovenia e Islandia: el boicot a Eurovisión 2026
La decisión de mantener a Israel en el concurso provocó la retirada de cinco radiotelevisiones públicas de Eurovisión 2026: RTVE por España, RTÉ por Irlanda, AVROTROS por Países Bajos, RTVSLO por Eslovenia y RÚV por Islandia.
La salida de Islandia convirtió oficialmente el boicot en un bloque de cinco países. Desde la RÚV se justificó su decisión por el descontento social y por considerar que las preocupaciones planteadas a la EBU no habían sido respondidas de forma suficiente.
El impacto del boicot va más allá del número de países ausentes. España es miembro del Big Five, Irlanda es el país con más victorias históricas del festival junto a Suecia, Países Bajos es uno de las radiotelevisiones más influyentes del ecosistema eurovisivo reciente, y Eslovenia e Islandia se habían mostrado muy activas en el debate sobre la participación israelí.
El certamen continúa adelante en Viena con 35 países participantes, pero lo hace en un clima de división interna, protestas y pérdida de confianza entre parte de la comunidad eurovisiva.
¿Por qué Rusia y Bielorrusia fueron suspendidas e Israel no?
La comparación entre Rusia, Bielorrusia e Israel se ha convertido en uno de los principales ejes del debate público. Para los críticos, la diferencia de trato evidencia un doble rasero. Para la EBU y quienes defienden la continuidad de KAN, la clave está en la situación del emisor y en la aplicación formal de las reglas.
En el caso de Bielorrusia, la EBU suspendió a BTRC por preocupaciones directas sobre libertad de prensa, independencia y responsabilidad editorial.
En el caso de Rusia, la organización actuó después de una invasión militar a gran escala, con amplio consenso entre emisoras europeas y con la percepción de que la participación rusa podía desacreditar el concurso.
En el caso de Israel, la EBU ha considerado hasta ahora que KAN mantiene su condición de miembro participante y que las controversias deben abordarse mediante revisión de canciones, control de campañas y nuevas normas de integridad. La diferencia fundamental es que no se ha producido una suspensión de la emisora israelí ni se ha alcanzado una mayoría suficiente para forzar una votación específica sobre su exclusión.
Esa explicación formal, sin embargo, no ha cerrado el debate. Para los países y artistas que piden el boicot, la participación israelí normaliza una situación que consideran incompatible con los valores del festival. Para otros miembros de la EBU, excluir a Israel por las acciones de su gobierno abriría un precedente complejo hacia el futuro.
Un festival “no político” atrapado por la política
Eurovisión insiste cada año en su carácter no político, pero la historia del certamen demuestra que el festival nunca ha estado completamente aislado de la geopolítica. La desintegración de Yugoslavia, la suspensión de Bielorrusia, la expulsión de Rusia y el debate actual sobre Israel muestran que la música, la diplomacia cultural y la reputación internacional del concurso conviven en un equilibrio frágil.
La diferencia es que Eurovisión 2026 llega a Viena con una fractura especialmente visible dentro de la propia EBU. La organización no ha expulsado a Israel, pero tampoco ha conseguido evitar el boicot de cinco televisiones públicas ni la presión de artistas, colectivos y parte de la audiencia.
El precedente que deja esta crisis todavía está por escribirse. Si la edición de Viena logra celebrarse sin una escalada mayor, la EBU defenderá que sus nuevas reglas han permitido preservar la integridad del concurso. Si las protestas, las tensiones internas o la pérdida de confianza se intensifican, Eurovisión 2026 podría recordarse como una de las ediciones que más cuestionó los límites reales del slogan United by Music.
Lo que parece claro es que la pregunta ya no es solo si la EBU puede expulsar a un país. La cuestión de fondo es otra: cuándo considera la organización que la conducta de un Estado, de un radiodifusor participante o de su entorno político amenaza lo suficiente la reputación del festival como para dejarlo fuera.
Eurovisión vuelve a Viena en 2026 once años después
Con la victoria del cantante JJ con «Wasted Love» en el Festival de Eurovisión 2025, el certamen europeo viaja de regreso a Austria por tercera vez en la historia. Previamente, el país centroeuropeo triunfó en el evento musical en Luxemburgo 1966 con el artista Udo Jürgens y la canción «Merci, Chérie» y, más recientemente, en Copenhague 2014 con Conchita Wurst y su himno «Rise Like A Phoenix».
Con un clima de crispación y descontento general, Austria se enfrenta a una edición complicada. Aunque se esperaban cambios y soluciones por parte de la UER, finalmente, Israel volverá a formar parte del evento lo que ha ocasionado la mayor crisis reputacional del certamen con el boicot de cinco países: Países Bajos, Irlanda, Eslovenia, España e Islandia.
En 2026, el Festival de Eurovisión alcanza su 70º aniversario en un momento complejo lejos del evento integrador que ha sido siempre desde hace décadas. A pesar de que los organizadores aspiraban a edición por todo lo alto, contará con el menor número de participantes desde 2004.
El foco volverá a estar puesto en el sistema del televoto que se ve influenciado por el complicado contexto geopolítico y los actuales conflictos bélicos, por segundo año consecutivo, el voto de los espectadores se vio adulterado por Israel. Desde la organización, intentan mitigar estas injerencias políticas con novedades en la votación. Los jurados profesionales regresan a las semifinales, se establece un límite de 10 votos por método de pago y habrá controles “estrictos” a las campañas de promoción. Todo ello con el objetivo de “reforzar la confianza y la transparencia”.
Una de las primeras novedades será el estreno de un nuevo logotipo genérico donde se mantiene el protagonismo del icónico corazón eurovisivo junto a renovados elementos gráficos para consolidar la estrategia de marca iniciada por la UER.
El 20 de agosto, tras un proceso en el que Viena e Innsbruck aspiraron a acoger la celebración del certamen, la capital austriaca fue elegida sede del Festival de Eurovisión 2026 que tendrá lugar en el 12, 14 y 16 de mayo en el Wiener Stadthalle, mismo recinto que en 2015.
Por tanto, será la tercera vez en la que Viena asume la organización de la competición europea. Por su parte, el festival vuelve a celebrarse en la capital del país anfitrión, algo que no ocurría desde Lisboa 2018.
En esta ocasión, Victoria Swarovski y Michael Ostrowski, junto a Emily Busvine en la green room, son los encargados de presentar el Festival de Eurovisión 2026.

