¿Por qué algunos países casi siempre quedan bien en Eurovisión Junior?

Analizamos tres casos de países en competición que se vienen dando desde hace varias décadas

Eurovisión Junior está a la vuelta de la esquina, y muchas personas debaten sobre cómo van a quedar las canciones de los países participantes. Aunque todos los años hay bastante variedad en los resultados, siempre encontramos a un conjunto de países que destacan en el certamen infantil por obtener siempre unas buenas posiciones. En este artículo analizaremos las estrategias de algunos países para asegurarse una buena posición y, por ende, alguna que otra victoria en Eurovisión Junior.

Eurovision Junior ya no es considerado un «juego de niños»

A diferencia de lo que se suele pensar, Eurovisión Junior en la actualidad no está visto por algunas delegaciones como un concurso enfocado principalmente a la población infantil y preadolescente, donde se presentan canciones acordes al festival y donde el objetivo principal es ganar el concurso y, al mismo tiempo, introducir el mundo eurovisivo a la población más joven. Hoy en día, se ha convertido para algunas delegaciones en un escaparate donde se presentan a futuras promesas de la industria musical, que incluso en un futuro pueden debutar en el Eurovisión de adultos.

Países como Francia, Polonia o Armenia han cambiado el concepto que tienen sobre el certamen y han dejado de ver a Eurovisión Junior como un programa infantil que se emite un fin de semana, sino como una cuestión de prestigio nacional y diplomacia cultural. La diferencia entre ganar y perder no radica principalmente en el azar, sino en la gestión de las delegaciones: mientras unas realizan un trabajo más sencillo y enfocado a la edad del público, otras delegaciones como las mencionadas invierten en la «profesionalización infantil» de sus candidatos.

Esta profesionalización a veces es objeto de crítica por parte de los expertos y el público del festival, ratificando que los participantes son niños que no deben sufrir las mismas presiones y la misma exigencia que sufren los candidatos que se presentan a Eurovisión, y que la seguridad y el confort de los participantes es prioritario con independencia del resultado obtenido. Por ese preciso motivo, la UER aplica reglas como un televoto mucho más diverso, obligando al espectador a seleccionar un mínimo de tres países, y asegurando que nunca el voto del público o del jurado sea un 0.

El caso de Francia: la fórmula del «pop chic»

Si hay un país que ha entendido a la perfección cómo funciona el Eurovisión Junior moderno desde su regreso en 2018, ese es Francia. La delegación francesa, liderada por France Télévisions, decidió dejar de tratar el certamen como un evento menor para aplicar una estrategia de «alto rendimiento» digna del Eurovisión de adultos. Su forma de trabajar se aleja de las propuestas más enfocadas al público infantil y se centra en un reclutamiento muy específico: casi todos sus representantes recientes provienen de La Voz Kids.

Al seleccionar perfiles que ya han pasado por un talent show televisado, y dado que muchos de los seleccionados cuentan con experiencia en la industria audiovisual, Francia se asegura de enviar al escenario no solo a niños con talento, sino a «profesionales en miniatura». Estos jóvenes llegan al certamen con una experiencia previa a la hora de enfrentarse a un escenario, lo que les permite actuar con una confianza y unas tablas que a menudo consiguen superar a la de muchos adultos.

Pero la estrategia francesa no termina solo en el intérprete; la clave maestra está en las canciones. Francia se aleja del prototipo de canciones infantiles y en su lugar encarga los temas a grandes compositores de la industria musical francesa, creando canciones de «pop chic». Son temas uptempo, alegres y extremadamente pegadizos, diseñados específicamente con estribillos pensados para viralizarse en plataformas como TikTok.

Esta combinación de una producción musical más adulta con una estética visual cuidada y muy colorida permite a Francia lograr algo muy difícil en el festival infantil: el consenso total, gustando tanto al jurado profesional por su calidad técnica como al público general por su frescura comercial, pudiendo así obtener buenas posiciones y consiguiendo incluso ganar dos veces seguidas, como ya sucedió el año pasado.

El caso de Polonia: el televoto masivo

El caso de Polonia es interesante de analizar porque nos muestra cómo un país puede conseguir transformar su trayectoria en el certamen basándose en el patriotismo y la movilización digital. Tras unos inicios complicados en el festival, Polonia descubrió que su gran baza no era solo musical, sino demográfica. Con una población de casi 38 millones de habitantes y una diáspora muy activa en toda Europa, cuentan con una base de votantes potenciales muy superior a la de sus competidores, ya que en el certamen infantil un país puede votarse a sí mismo.

Sin embargo, tener mucha población no sirve de nada si no se la moviliza, y ahí es donde la televisión pública polaca (TVP) marca la diferencia. A diferencia de países como Alemania o Reino Unido, que relegan el festival a canales temáticos infantiles, Polonia promociona y emite el concurso en sus canales principales generalistas. Esto garantiza audiencias millonarias y convierte el certamen en un evento de interés nacional, no solo en un programa para niños.

Para potenciar este efecto, se utilizan formatos de selección como el legendario Szansa na Sukces, un programa de máxima audiencia que convierte a los candidatos en celebridades antes incluso de pisar Eurovisión. De este modo, la audiencia polaca no siente que vota simplemente por una canción, sino que está apoyando a un artista nacional.

Con esto, han conseguido crear un programa de televisión donde los candidatos son tratados como estrellas del pop nacional de Polonia, que junto con un proceso riguroso de selección de la canción asignada al artista, genera un volumen de televoto tan abismal que hace casi imposible para los países más pequeños competir en igualdad de condiciones en cuanto al televoto se refiere.

El caso de Armenia: los pioneros en la «adultificación» del festival

Si miramos las estadísticas, Armenia es el competidor más consistente de la historia del festival: nunca han bajado del top 10 en sus participaciones. Su estrategia es quizás la más sofisticada, ya que han sido los pioneros en lo que podríamos llamar la «adultificación» de las candidaturas. Armenia ha entendido que el público votante del festival, compuesto en gran parte por preadolescentes, no quiere escuchar música «de niños», sino que aspira a consumir productos más enfocados a los adultos jóvenes.

Un ejemplo claro de esto fue la victoria de Maléna en 2021. Su canción no sonaba a festival infantil; era una producción de space-pop sofisticado comparable a los éxitos internacionales de artistas como Dua Lipa o The Weeknd. Al presentar propuestas que suenan a radiofórmula internacional, logran captar tanto al jurado, que valora la calidad de la producción, como a los jóvenes que buscan referentes aspiracionales.

Además, Armenia se toma muy en serio la parte visual, entendiendo que la competición empieza mucho antes de la gala en directo. Sus videoclips de presentación suelen tener una calidad cinematográfica que establece a sus candidatos como favoritos semanas antes del show. A esto se suma una inversión estatal muy fuerte en la marca Eurovisión; cuando organizaron el festival en 2022, el presupuesto rondó los 13 millones de euros, una cifra sin precedentes que se tradujo en puestas en escena tecnológicamente avanzadas. Para la delegación armenia, el festival es una oportunidad de mejorar la imagen del país y no escatiman en recursos para asegurar que su propuesta sea siempre la más vanguardista.

Así fue Eurovisión Junior 2025: “unidos por la música” de vuelta a Georgia

La 23º edición del Festival de Eurovisión Junior viajó hasta Tiflis, capital de Georgia, siendo la segunda ocasión en el que la ciudad acogía el certamen europeo. El sábado 13 de diciembre desde las 17:00 CET, el escenario eurovisivo de Tiflis recibió a los jóvenes talentos de toda Europa. El certamen tuvo lugar en el Gymnastic Hall of Olympic City (Pabellón de Gimnasia) en Tiflis con David Aladashvili y Liza Tsiklauri como presentadores del evento musical.

Tras meses de muchos rumores e intensas negociaciones, la UER apostó una edición más por el país ganador en la edición previa para asumir la organización del evento. El 13 de mayo, seis meses después de la gran celebración musical de Madrid en 2024 donde el joven georgiano Andria Putkaradze se alzó con el triunfo con su «To My Mom», la organización hizo oficial el destino del certamen de 2025.

A pesar de que Georgia es el país con más triunfos en el Festival de Eurovisión Junior, con cuatro en total, solo ha acogido el evento en dos ocasiones en 2017 y 2025.

Hubo que esperar hasta el 1 de octubre para conocer nuevos detalles de esta esperada edición del Festival de Eurovisión Junior. La UER desveló que 18 países competirán por alzarse con el micrófono de cristal, siendo el dato de participación más alto desde París 2021. A pesar de las retiradas Alemania y Estonia, el certamen infantil cuenta con los regresos de Azerbaiyán, Croacia y Montenegro.

En una etapa de cambios dentro de la UER, el Festival de Eurovisión Junior se suma a esta renovación adoptando el nuevo logotipo genérico junto al eslogan permanente “United By Music”. En esta ocasión, el certamen de Tiflis 2025 contó con un theme art colorido y muy visual, con toques infantiles y juveniles que se adaptaron al espíritu de Eurovisión Junior.

Finalmente, tras un espectáculo único, Francia volvió a arrasar en la votación del Festival de Eurovisión Junior. Lou Deleuze se alzó con el triunfo y consiguió el cuarto micrófono de cristal para la emisora francesa con su tema «Ce Monde». De esta manera, Francia iguala a Georgia como países con más victorias, cuatro en total.

Eurovisión Junior

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