Por qué a España se le resiste Eurovisión: seis décadas de ilusión y fracasos

En 64 años de participación ininterrumpida en Eurovisión, España solo ha logrado dos victorias. Es, de los países del Big Five y los fundadores del festival, junto con Alemania, el país con menos triunfos y que más veces ha estado por debajo del Top 20. ¿Por qué las candidaturas españolas han tenido tan poco éxito en Eurovisión? ¿Tiene que ver con la calidad artística de las propuestas? ¿Hasta qué punto RTVE se ha comprometido con el festival? ¿Qué papel ha jugado la geopolítica?

En este año de pausa eurovisiva, que invita a la reflexión, en ESC Plus nos hemos propuesto analizar las razones por las que España lleva 56 años sin ganar y encadenando malos resultados. Hemos hablado con exrepresentantes, periodistas especializados y otros profesionales vinculados a Eurovisión. Todos ellos nos dan su visión y nos ayudan a entender la trayectoria de España en el festival.

Gracias a Serafín Zubiri, Lucía Pérez, Lydia, Miguel Hennet (D’Nash), Nicola Caligiore, Lluis Pellicer, Luis Mesa, Javier Lorbada, Jordi Ramos, Rocío Muñoz, Rebeca Pous, Isidro Mayor y José Juan Santana por su tiempo y sus testimonios. RTVE ha declinado hacer declaraciones para este reportaje.

Ese cosquilleo en el estómago cuando suenan los primeros compases del Te Deum. La esperanza, siempre, de que “este año, sí”. Cuántas veces soñando con la victoria; cuántas conformándonos con no quedar de los últimos. Cuánto bajón y vuelta a ilusionarnos. Que le pregunten al eurofán español lo que es la resiliencia.

En los últimos 56 años, casi seis décadas, solo hemos acariciado el triunfo con los segundos puestos de Karina (1971), Mocedades (1973), Betty Missiego (1979) y Anabel Conde (1995).

Después, tuvimos que esperar otros 27 años para hacer podio, con el tercer puesto de Chanel en 2022, que supo a victoria en una edición visiblemente condicionada por la política: “En una realidad normal, donde solo hubiera primado lo artístico, no se nos habría escapado ese festival. Y los buenos resultados suelen traer buenas rachas. Por ejemplo, la victoria de Massiel trajo a Julio Iglesias y después a Bravo, el éxito de Azúcar Moreno nos trajo a Sergio Dalma…no ganamos, pero fueron buenas posiciones”, explica Luis Mesa, periodista especializado en Eurovisión.

A pesar del chasco, en 2022 resurgió la ilusión: el empuje del Benidorm Fest nos acercaría por fin a la victoria. Pero tras Chanel, vuelta al desencanto.

El factor artístico

Fuera de onda

Eurovisión nació como un festival de canciones donde siempre se valoró a los grandes intérpretes, para después evolucionar hacia un gran espectáculo de televisión donde cobró más importancia la escenografía y el impacto visual. En ese contexto, ¿han sido competitivas las propuestas españolas? Una gran parte de los profesionales consultados en este reportaje coinciden en que, durante muchos años, nuestro país no se tomó demasiado en serio el festival.

Miguel Hennet, uno de los integrantes de D’Nash, la boyband que compitió en 2007 con I love you mi vida, lo tiene claro: “Durante muchos años España ha ido a la cola de otros países de Europa en Eurovisión, hemos pecado muchas veces de no arriesgar y de no apostar por un buen espectáculo”.

En la misma dirección apunta Rocío Muñoz, codirectora de Eurovision-Spain: “España ha presentado candidaturas que no eran competitivas y que pasaban muy desapercibidas en Eurovisión. No hemos terminado de entender el contexto donde nos presentábamos, nos ha faltado aprender a jugar al juego del festival”.

También José Juan Santana, presidente de OGAE España, cree que ha fallado la apuesta artística:“Casi siempre estamos fuera de onda, nos basamos muchísimo en la radio fórmula a nivel nacional, no se han tenido en cuenta las tendencias por las que iba el festival”.

Del mismo modo opina Rebeca Pous, cantante y coautora de I love you mi vida: “Durante mucho tiempo no se eligieron temas pensando en Eurovisión, sino más bien para ser un número uno en verano en las listas de éxitos de España. A Eurovisión hay que llevar algo que en tres minutos tiene que enamorar y captar la atención del público”.

La suerte y el hype

Es obvio que en casi 60 años ha habido propuestas de todo tipo, algunas de ellas muy válidas, bien ejecutadas, y que tampoco obtuvieron los resultados esperados. Para Javier Lorbada, periodista musical, “una buena propuesta artística tampoco te garantiza ganar. Hay que olvidarse de que esto es un concurso real de canciones en el que ganan las mejores, porque no lo ha sido nunca. Y en los últimos años son muy pocas las propuestas españolas que tenían realmente alguna posibilidad”.

“El factor artístico ha influido – asegura Isidro Mayor, presidente de AEV-, pero ha habido propuestas, como la del 89 con Nina, que para mí era claramente superior en todo a las demás. Ha habido años, como el 89 o el 91, donde España merecía más”.

Lucía Pérez representó a España en 2011 en Düsseldorf (Alemania) con Que me quiten lo bailao: “Hemos llevado canciones muy buenas con grandes intérpretes y nos tenemos que quedar con eso, llevar un producto del que estemos orgullosos, porque hubo años muy lamentables”, afirma la artista gallega. Para Lucía, hay algo tan básico y decisivo como la suerte:”También depende del tipo de canción que se elija, igual tienes la suerte de que ese año hay pocas baladas y sorprendes más con una balada, o al contrario”.

Aquí entraría en juego la capacidad de anticiparse a lo que podría funcionar. Esa es una cuestión clave para Jordi Ramos, periodista que cubre Eurovisión para RAC 1, pero va más allá: “La industria o los artistas españoles tienen la idea de que no ganar Eurovisión es una gran derrota, que incluso en algunos casos se ha ridiculizado. Eso le da al festival un componente peyorativo y rebaja la competitividad de las propuestas que se envían porque menos artistas consagrados van y menos compositores se comprometen”.

Nicola Caligiore fue uno de los artífices de la vuelta de Italia al festival en 2011. Durante su etapa como jefe de la delegación de la RAI para Eurovisión, hasta 2019, consiguió dos segundos puestos, un tercero y un quinto.

Para Nicola, que ha seguido de cerca la trayectoria de España en Eurovisión y fue jurado del Benidorm Fest 2023, el diagnóstico es claro: “Muchas veces las propuestas que he visto de España tenían poca validación en el mercado. Si una canción no tiene éxito en playlists, independientemente de la burbuja de los eurofans, es muy difícil que trascienda a muchos países y muchas culturas, y a un público que igual solo se conecta la noche del sábado para ver el festival. Hay que separar lo que tiene mucho hype entre los eurofans y lo que tiene resultados en la industria musical”.

Los votos que nunca llegaron

Ilusión y decepciones en las entrañas del festival

En 2022, con Chanel, España consiguió récord de puntos y de “doces” en toda su historia eurovisiva. Fue un revulsivo, una recompensa después de años de sufrimiento a la hora de las votaciones: sufrimiento de los eurofans, pero también, y mucho, de los artistas.

Que se lo digan a Lydia, nuestra representante en 1999 con No quiero escuchar. Quedó en última posición con un punto. “Fui a Eurovisión con muchísima ilusión, aunque yo no lo había buscado –cuenta Lydia-. En las encuestas previas llegué a ser tercera favorita, por eso todo lo que pasó allí nadie se lo explicó. Nadie sabe la fórmula para hacer un buen papel, pero creo que ha habido propuestas muy buenas que han quedado mal y otras que han sido un desastre y han quedado mejor, véase el Chikilicuatre”.

Miguel Hennet, de D’Nash, reconoce que fueron a Eurovisión con pocas expectativas, pero, una vez en Helsinki, la cosa cambió: “En todas las apuestas oficiales estábamos siempre dentro de los cinco primeros, así que el batacazo fue aún más fuerte porque realmente allí sí que nos ilusionamos y creímos que íbamos a estar por lo menos entre los diez primeros”. Finalmente terminaron en la posición 20 de 24, con 43 puntos. Miguel repitió experiencia en el festival de 2019 como bailarín y corista de Miki Núñez, que acabó en el puesto 22, con 53 puntos del televoto y solo un punto del jurado.

“Yo iba muy concienciada de lo que iba a pasar- recuerda Lucía Pérez-, estuve bien asesorada y sabíamos que las posibilidades de quedar por debajo eran muy altas.  No fue una sorpresa para mí, pero yo me quedo con que, a pesar de la posición, muchos países nos votaron. Si hubiera sido solo por el televoto, habríamos quedado 16”. Lucía terminó la 23 de 25, con 50 puntos.

Jurado o televoto, esa es la cuestión

El sistema de votación en Eurovisión ha cambiado a lo largo de la historia: primero jurado, a partir de 1998, televoto y, desde 2009, sistema mixto. ¿En qué medida ha podido influir en los resultados tradicionalmente bajos de España en el festival?

Javier Lorbada considera que el televoto es fácilmente manipulable: “Tan solo es cuestión de dinero. Por eso, y hasta que no haya un sistema que garantice y dé fiabilidad de sus resultados, el televoto debería tender a desaparecer”.

Serafín Zubiri es uno de los pocos artistas que ha representado a España en Eurovisión en dos ocasiones. Comparte ese privilegio con Raphael y Conchita Bautista. En 1992, Serafín quedó 14º con Todo esto es la música y en el año 2000 acabó en la 18ª posición con Colgado de un sueño. Desde su experiencia, también es crítico con el televoto: “Me parece bien que se dé la posibilidad al público de votar, pero quizá debería tener menos peso que el jurado, que por otra parte debería ser más técnico. El televoto al final es un negocio. Y luego hay países mucho más participativos que otros. Los países nórdicos se apoyan mucho entre ellos, pero aquí en este eje suroccidental no hay tanto apoyo. Eso supongo que también influye”, explica.

El jurado es importantísimo porque valora cosas que no ve el público. A Blanca Paloma el jurado la colocó 9ª y, de no ser por el jurado, Pastora Soler habría acabado la 17 o la 18.

El televoto refleja las alianzas entre países, la cercanía cultural, los lazos de vecindad… Así lo considera Lluis Pellicer, periodista especializado en economía y política de El País: “El televoto muchas veces está influido por las diásporas y los factores migratorios, eso es normal y se entiende. Me cuesta más verlo en los jurados: supongo que hay un factor de gustos, de proximidad cultural… A veces el sesgo puede estar en la propia composición del jurado”.

Sobre los jurados, Rocío Muñoz, de Eurovision-Spain, apunta que “siempre es una incógnita hasta qué punto los votos de los jurados se rigen por lo musical o también influye el nombre del país, para bien o para mal”.

Incluso Nicola Caligiore, con una gran trayectoria de éxitos con Italia en Eurovisión, afirma no conocer los criterios de votación de los jurados: “El jurado para mí siempre ha sido un poco un misterio, nunca he entendido muy bien qué es lo que valora el jurado de una canción. Italia casi siempre ha tenido mucha más respuesta y ha alcanzado mejores clasificaciones por el televoto”.

A pesar de las dudas, los resultados de España en la historia reciente de Eurovisión parecen confirmar que el jurado nos ha sido favorable, al menos para evitar posiciones aún más bajas.“El jurado es importantísimo porque valora cosas que no ve el público. A Blanca Paloma el jurado la colocó 9ª y, de no ser por el jurado, Pastora Soler habría acabado la 17 o la 18”, detalla José Juan Santana, de OGAE.

La geopolítica, ¿mito o realidad?

Eurovisión y los valores europeos

Sobre si la geopolítica ha afectado a Eurovisión, las opiniones divergen: unos lo ven como un mero festival de música y descartan influencias políticas; otros consideran que la política siempre ha estado presente pero no es determinante en el concurso; y algunos creen que la política impregna el festival y condiciona sus resultados.  

Lo cierto es que diversas fuentes académicas y periodísticas señalan que la creación de Eurovisión tuvo un origen político. Fue impulsado por la Unión Europea de Radiodifusión (UER) -algunos incluso apuntan a que la OTAN estuvo detrás- con el objetivo de fomentar la unidad en el continente tras la Segunda Guerra Mundial y de expandir los valores de Occidente frente a la URSS.

El festival ha sido tradicionalmente un reflejo de alianzas regionales, relaciones históricas y conflictos internacionales; y la hemeroteca demuestra que, desde sus orígenes, en Eurovisión ha habido canciones con mensaje, protestas, expulsiones e incluso victorias con un trasfondo político.

“Siempre ha habido política, pero en los últimos años ha pesado mucho más, y esto tiene que ver con que Eurovisión ha tenido mejores y peores etapas. En las etapas de bajón, en los años 90, primeros 2000, quizá no se le daba tanta importancia, pero ahora que ha vuelto a revitalizarse los países lo ven como un escaparate”, explica Lluis Pellicer, periodista de El País. Y añade: “En 2022 ganó Ucrania porque pesó el factor político, y en los últimos años los votos a Israel tienen una carga política indudable, al igual que es político el boicot de este año. Sin duda, ahora Eurovisión está marcadamente politizado”.

Protesta en el escenario de Eurovisión 1964 contra las dictaduras de Franco y Salazar. Fuente: @awugaESC -YouTube

La primera protesta política documentada en Eurovisión tuvo lugar en 1964, durante la celebración del festival en Copenhague: un individuo irrumpió en el escenario con una pancarta que pedía el boicot a Franco y Salazar, denunciando así las dictaduras en España y Portugal.

En aquel periodo, España utilizó su participación en Eurovisión para intentar “normalizar” la dictadura y acercarse a Europa tras años de aislamiento internacional. Curiosamente, las dos únicas victorias de nuestro país se han dado durante el franquismo (1968 y 1969).

En 2022 ganó Ucrania porque pesó el factor político y en los últimos años los votos a Israel tienen una carga política indudable, al igual que es político el boicot de este año. Sin duda, ahora Eurovisión está marcadamente politizado.

Influencia política, ¿hasta dónde?

Es evidente que muchos países a lo largo de la historia han usado Eurovisión como herramienta de soft power y acercamiento a Europa. Pero ¿en qué medida ha podido afectar esto a los resultados de España en el concurso?

“No creo que la geopolítica en el caso de España haya tenido influencia porque España es un país que, en general, no ha estado metida en grandes polémicas internacionales, por lo tanto, no le veo una gran relación”, señala Nicola Caligiore.

Por su parte, Luis Mesa subraya que “después de la caída del muro y el desmembramiento de Yugoslavia, siempre se dijo que salían beneficiados los países del este, pero también estos países trajeron un poco de aire fresco y apostaron firmemente por ganar Eurovisión. Y tampoco creo que esto afectase a España, porque estamos hablando de esos años en los que nuestro país no tenía muchos elementos para competir”.

Para Rocío Muñoz, de Eurovision-Spain,”la geopolítica influye del mismo modo que no lo es todo. La geopolítica no te hace ganar el festival ni tampoco perderlo si tu candidatura es la mejor o una de las mejores”.

Jordi Ramos, periodista de RAC1, también va en esta dirección: “La geopolítica es clave en Eurovisión, lo ha sido toda la vida. Puede haber influido, sin duda, pero una buena canción supera todas estas barreras: ahí están Anabel Conde y Chanel, que son los últimos mejores resultados que ha tenido España. Ahí se pudo ver que una canción que enganchaba podía sortear las dificultades de la geopolítica”.

De igual modo, Lluis Pellicer defiende que la geopolítica no es determinante para la victoria: “Portugal seguramente tiene menos peso que España en la geopolítica europea, pero llevó una canción, la de Salvador Sobral, que estaba muy bien, y ganó Eurovisión. Al contrario, Alemania tiene más peso en la geopolítica de Europa, en la toma de decisiones, y no tiene buenos resultados en el festival”.

No se puede hacer un análisis claro dada la extrema politización. En un certamen en el cual el voto del público, prácticamente un 60%, no corresponde a un motivo musical, es muy difícil conseguir ganar

Muchos coinciden en que el hecho de recibir más o menos votos a veces solo depende de afinidades entre países de una misma región: “No solo se trata de políticas gubernamentales, sino también de gustos culturales. Es normal que los países eslavos o los balcánicos tengan una cultura más o menos parecida y les suenen mejor las canciones de sus vecinos”, añade Jordi Ramos.

En este sentido, España, como otros países del Big Five, parece estar en desventaja: “España no cuenta con el apoyo natural y demográfico de ninguno de los países que participa, lo que hace aún más difícil conseguir buenos resultados para poder estar por encima de la mitad de la tabla”, indica Javier Lorbada, para quien, en Eurovisión,siempre se acaba votando a los países por una determinada razón, mayoritariamente dominada por la política”.

En la actualidad, el contexto político en torno a Eurovisión no invita al optimismo, a juicio de Luis Mesa: “Estamos en un momento del festival muy complicado, donde no se puede hacer un análisis claro dada la extrema politización. En un certamen en el cual el voto del público, prácticamente un 60%, no corresponde a un motivo musical, es muy difícil conseguir ganar”.

Pero la configuración de Eurovisión como fenómeno de influencia cultural y política también ha traído cosas buenas: “La política siempre ha estado ahí, pero muchas veces para bien, por ejemplo, la reivindicación de derechos LGTBIQ+ o del feminismo… Ha sido un buen escaparate para eso y ha sido positivo”, concluye Lluis Pellicer.

Blanca Paloma despliega la bandera LGTBIQ+ durante el desfile de banderas en Eurovisión 2023. Fuente: UER

El papel de RTVE

Sin interés ni ambición

A la hora de analizar por qué a España le ha ido mal en Eurovisión, es esencial hablar del papel que ha jugado históricamente RTVE en la selección y organización de las candidaturas. En algunas ocasiones se llegó a acusar al ente público de poco compromiso con el festival, e incluso de no querer ganar.

En mi año estuvieron totalmente ausentes, no participaron en nada. Yo no vi allí a nadie de TVE, excepto a Uribarri. Se especuló incluso con que no querían que ganase España

“No creo que TVE no haya querido ganar nunca el festival, siempre ha querido ganarlo como cualquier otro país. Lo que sí es verdad es que durante mucho tiempo la comisión de festivales estaba formada por funcionarias y funcionarios que estaban ahí por cumplir”, afirma Isidro Mayor, presidente de AEV.

Prueba de que durante muchos años Eurovisión no tuvo gran relevancia para RTVE es que, incluso algún tiempo (1984 y 1985), la emisión del festival estuvo relegada a la segunda cadena.

Algunos artistas vivieron en primera persona esa falta de implicación. Así lo recuerda Serafín Zubiri, participante en los años 1992 y 2000: “El equipo encargado de festivales cuando yo participé era un departamento muy residual en RTVE. Yo tengo buen recuerdo de toda la gente de entonces, pero el problema es que tampoco a ellos se les valoraba por los resultados porque, si hubiera sido así, habrían tenido que dar entrada a gente nueva con nuevas ideas”.

Una sensación parecida tiene Lucía Pérez:“La implicación en mi año fue la justa, como si Eurovisión fuera otro programa más de TVE. Todos los países llevaban su material de promo… Comparabas por ejemplo con Azerbaiyán, que ganó en mi año, y veías lo nuestro y la diferencia era abismal: esto es de andar por casa y esto es profesional”.

También Lydia percibió cierto abandono por parte de RTVE: “En mi año estuvieron totalmente ausentes, no participaron en nada. Yo no vi allí a nadie de TVE, excepto a Uribarri. Se especuló incluso con que no querían que ganase España, pero yo era una chiquilla de 19 años y no me enteraba de ese tipo de cosas”.

Miguel Hennet, de D’Nash, tiene sentimientos encontrados sobre su experiencia en Eurovisión y puntualiza: “Una cosa es TVE y otra cosa es la delegación española.  Yo me refiero a la delegación española de mi año y sí que hubo gente que remó a favor, pero hubo gente que no. Gracias a Dios teníamos discográfica y de alguna forma hacíamos un poco de presión”.

En Helsinki vivieron momentos complicados. “Había un trabajo previo antes de llegar a Finlandia que no se había hecho por parte de ciertas personas de la delegación”, prosigue. “Al final nosotros éramos los que teníamos que enfrentarnos al público y a los medios todos los días. Estando allí llegamos a plantarnos y a decir que nos íbamos”.

Para algunos, el principal escollo era el presupuesto. “En 2007 empezaron los escenarios interactivos y ahí vimos lo que se podía llegar a hacer con presupuesto. Y quizá ahí es donde nosotros hemos estado un poco más rezagados”, explica Rebeca, coautora de la canción de D’Nash.

Escenario de Eurovisión 2023 en Liverpool. Fuente: UER

Después de muchos años de fracasos, para RTVE era muy complicado relanzar el proyecto porque no puedes convencer a artistas de nivel para que vayan si luego hay esta fama de que vas a fracasar.

El presupuesto pudo ser decisivo, pero otros señalan también una falta de visión y ambición. Así lo valora Rocío Muñoz, de Eurovision-Spain: “El equipo que estaba a cargo no entendía la magnitud del festival y funcionaban como para cumplir el expediente. Además, Eurovisión en España siempre ha tenido muy buenos datos de audiencia, se llevara lo que se llevara, y eso también creo que acomodaba aún más la posición”.

En ocasiones, TVE se vio limitada a la hora de la selección de los participantes, a juicio de Nicola Caligiore, ex jefe de la delegación de Italia: “No diría que ha faltado esfuerzo porque TVE lo ha intentado. Entiendo que después de muchos años de fracasos sea muy complicado involucrar a las discográficas y a los artistas buenos. Yo hablaba mucho con mis colegas de TVE y para ellos era muy complicado relanzar el proyecto porque no puedes convencer a artistas de nivel para que vayan si luego hay esta fama de que vas a fracasar”.

A lo largo de seis décadas de participación, el nivel de implicación de las delegaciones de TVE ha sido desigual; sin embargo, en los últimos años el cambio de tendencia ha sido notorio: “Hay años en que algunas cosas se habrían podido hacer mejor, sin duda”, continúa Nicola. “Para mí el error más grande de la organización era no tener una coherencia editorial: cada año se hacía una cosa distinta, un año elegían ellos, otro año, se hacía un programa de televisión…Esto se ha solucionado ahora con el Benidorm Fest”.

El Benidorm Fest, un punto de inflexión

Después de una trayectoria de cambios constantes y de preselecciones modestas, la creación del Benidorm Fest fue un sueño cumplido para los eurofans. Pero también para los artistas.

“A España le hacía falta un Benidorm Fest, afirma Lucía Perez, “que toda la gente de la industria, tanto autores como productores, artistas… sepamos que el año próximo vamos a tener siempre un mismo festival donde podemos mandar nuestra propuesta. Y a la gente que está detrás del Benidorm Fest se la ve ilusionada, y eso lo más importante”.

“De alguna forma el Benidorm Fest ha vuelto un poco a crear esas ganas de creer en Eurovisión y de ponerlo en valor”, añade Miguel, de D’Nash.

Artistas participantes en el Benidorm Fest 2023. Fuente: RTVE

“Todos estos años de malos resultados y de desinterés de la propia televisión española por el festival… Esto se ha contagiado a la imagen que tiene la industria musical española de Eurovisión señala Rocío Muñoz-. Con el Benidorm Fest se está haciendo el trabajo de intentar ir borrando esa huella pasada y construir un nuevo camino, y creo que lo están haciendo bastante bien”.

La mayoría destaca la necesidad de aunar esfuerzos para configurar, por fin, candidaturas potentes con posibilidades en el festival. “El primer Benidorm Fest tuvo un éxito incontestable, fue una apuesta colectiva, ahí todo el mundo fue de la mano: TVE cambiando por completo su concepción de las preselecciones, la industria, fueron artistas más o menos consagrados…”, confirma Jordi Ramos.

Tras la primera edición, el Benidorm Fest se convirtió demasiado en la selección de Eurovisión. Si tú seleccionas a los artistas pensando en lo que funcionaría en Eurovisión, estás matando la posibilidad de tener mayor riqueza y variedad.

Pero tras la primera edición, para muchos, el festival levantino se ha desviado de su enfoque original. “Tengo opiniones un poco mixtas sobre la trayectoria que ha tomado el Benidorm Fest. Empezó de forma maravillosa. La primera edición, y un poco menos la segunda, fueron buenas realmente en cuanto a canciones, luego se convirtió demasiado en la selección de Eurovisión. Para mí, las propuestas musicales no tienen que pensarse demasiado para Eurovisión. Si tú seleccionas a los artistas pensando en lo que funcionaría en Eurovisión, entonces estás matando la posibilidad de tener mayor riqueza y variedad”, opina Nicola Caligiore.

Para otros, sin embargo, el Benidorm Fest no debería perder su vinculación a Eurovisión, y apuntan a introducir otros criterios a la hora de seleccionar las canciones. Así lo cree José Juan Santana, de OGAE: “El Benidorm es una muy buena idea para seleccionar la canción que representa a España en Eurovisión. Y creo que debe seguir estando unido a ello. Pero en la selección de las canciones debería participar más gente, incluso creo que se debería contar un poco más con los eurofans, que al fin y al cabo son los que cada año ven el festival”.

Jordi Ramos apuesta por retomar el camino que se inició en la primera edición: “Deberían intentar, y estoy seguro de que lo hacen, aliarse con el mundo artístico para que vayan artistas de más nivel. No digo que los actuales no lo sean, pero el festival necesita apoyo de la industria discográfica y de artistas consagrados que puedan ver allí una opción, o como mínimo intentar lograr lo mismo que motivó a los artistas de la primera edición, ver qué ha pasado para poder reconstruir el camino que, por el motivo que sea, se perdió”.

En esta dirección apunta también Nicola Caligiore, pero matiza: “Para mí la distinción no es tanto entre artistas consagrados o emergentes, sino artistas que realmente tienen lo que hace falta para estar en la industria, que sea un proyecto real y redondo, y que esté apoyado por una discográfica”.

No hay dudas de que el Benidorm Fest ha marcado un punto de inflexión como preselección para Eurovisión. El evidente salto de calidad técnico y artístico de la última edición confirma que RTVE apuesta por el festival como plataforma musical con entidad propia, independiente de Eurovisión. Las bases están puestas y de la evolución del certamen dependerá cómo funcionen las futuras candidaturas de España cuando se den las condiciones para volver a Eurovisión.

Europa, la asignatura pendiente de la música española

A la conquista del gusto europeo

Una de las preguntas que surgen a la hora de valorar la trayectoria de España en Eurovisión es hasta qué punto los resultados en el festival son un reflejo de la aparente baja influencia de la industria musical española en Europa. Según el IFPI Global Music Report 2025, España es el 14º mercado musical más grande del mundo, por detrás de Alemania, Reino Unido, Francia o Italia, y con Suecia liderando en exportaciones per capita.

“A lo largo de los últimos 50 años son muy pocos los casos de éxitos de artistas españoles en Europa. Lógicamente, nuestro mercado natural es Latinoamérica. También estamos muy desconectados de los gustos musicales de nuestros vecinos europeos y de otros países que también participan en Eurovisión”, explica Javier Lorbada, periodista musical.

Para Nicola Caligiore, “hoy la industria musical está en una fase de transformación complicada… Pero la música latina, y también la española, para mí sí funcionan en Europa. Que la industria española se haya apagado un poco es evidente en las clasificaciones, pero sí hay espacio para la música española en Europa, solo hay que encontrar la música española adecuada”.

La relación entre una industria fuerte en Europa y buenos resultados en Eurovisión es clara en el caso de Suecia, el país que más veces ha ganado el festival europeo junto con Irlanda. Suecia tiene una influencia en la industria musical muy superior a su tamaño como país gracias a la relevancia internacional de sus artistas, compositores y productores, además de por su nivel de exportaciones. No es casualidad que Spotify naciera en Estocolmo.

«El Melodifestivalen lleva existiendo en Suecia muchísimos años”, destaca Miguel, de D’Nash. “Ellos tienen una cultura musical riquísima, y yo creo que la industria musical en España no es tan potente como en Suecia, o como en México o Italia, y que no arriesga, solo coge cosas que funcionan previamente”.

¿Se trata entonces de influencia o simplemente de no acertar con el gusto europeo? Rocío Muñoz, de Eurovision-Spain, va por otro lado: “Creo que los malos resultados de España no se deben tanto a no haber dado con la tecla europea, sino a no haber hecho un trabajo competitivo. Pienso en casos como Portugal, que tampoco es un país que su música triunfe por toda Europa, y está trazando una buena época de resultados en el festival siendo ellos mismos. No creo que tengamos que pensar en lo que va a gustar en Europa porque Eurovisión no se rige por eso. De hecho, creo que Eurovisión, salvo excepciones, es casi un género en sí mismo”.

Para Isidro Mayor, de AEV, la clave está en sorprender: “Hay que impactar incluso por llevar algo que no se esperan de ti. Salvador Sobral impactó con una cosa sencilla, y nadie se esperaba a Måneskin por Italia. Entonces, si impactas, ganas, o al menos puedes entrar en el bombo de los cuatro o cinco primeros”.

Malos resultados, buenos recuerdos

Los resultados en seis décadas de participación no han acompañado, pero, independientemente de los números, la historia de España en Eurovisión nos ha dejado actuaciones memorables, artistas que brillaron y vieron despegar su carrera tras pasar por el festival y canciones que resonaron más allá del concurso.

Aunque no ganó, Eres tú, de Mocedades (1973) alcanzó el top 10 en la lista de ventas norteamericana Billboard y, en la gala del 50º aniversario de Eurovisión, fue elegida como unas de las 14 mejores canciones en la historia del certamen.

Además de Chanel (2022) y de Anabel Conde (1995), las dos ocasiones que más cerca hemos estado de la victoria en los últimos 30 años, no podemos dejar de recordar el tercer puesto de Bravo con la mítica Lady, Lady (1984); a las Azúcar Moreno con Bandido (1990), que nos dieron un hit que aún perdura, o el cuarto puesto de Sergio Dalma con Bailar Pegados (1991), que vivimos casi como una victoria.

En 2002 toda España vibró con el Europe’s living a celebration de Rosa y, un año después, Dime, de Beth, se convirtió en una de las canciones preferidas de los eurofans.

Nos supieron a poco las décimas posiciones de Pastora Soler (2012) y Ruth Lorenzo (2014) pese a unas interpretaciones extraordinarias. En 2016, el Globe de Estocolmo se vino abajo con el Say yay de Barei; Blanca Paloma dio una lección de arte en 2023 y Nebulossa rompió moldes y creó un himno con Zorra (2024).

Algunas veces no estuvimos a la altura o nos ilusionamos sin ser del todo realistas; en otras, merecimos más, e incluso nos sentimos robados, pero lo cierto es que España, a lo largo de más de seis décadas, ha aportado espectáculo, buenas canciones, grandes artistas y, sobre todo, una gran comunidad de seguidores, entusiastas y fieles, que solo esperan que el festival les devuelva, en forma de resultados, al menos una pequeña parte de todo lo que ellos han dado a Eurovisión.


Fuentes: El País, El Periódico, Wikipedia, Geópolis. La Geopolítica de Eurovisión. RTVE Play, La Canción. Movistar Plus, IFPI Global Music Report 2025, Eurovision: A History of Europe through Popular Music. CORDIS, EU, The politics of belonging at the Eurovision Song Contest-Poets and Power. P- Jackson 2017., RTVE, Yo tampoco gané Eurovisión. Javier Adrados y Patricia Godes., ESC Plus
Eurovisión

Un comentario en «Por qué a España se le resiste Eurovisión: seis décadas de ilusión y fracasos»

  1. Fantástico análisis y repaso del pasado y presente de España en Eurovisión, muy interesante y necesario para entender lo que hay que corregir (en mano de expertos, siempre…)

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