La música lleva toda la historia sanando a la gente

Eurovisión tiene el éxito que tiene porque se basa en una de las cosas más bonitas que ha creado la humanidad. La música va más allá de toda lógica. La música transmite y moldea emociones, puede hundirte del todo o sacarte del pozo y llevarte a lo más alto.  

Y no es solo lo que transmite con el sonido puro. Son las letras también, mira todos los últimos lanzamientos. «Amore Desamore», de KUVE, explora todo lo que sentimos al enamorarnos. Xeinn en «Me matas» habla de cómo ese amor puede doler. El sevillano Dani J, en cambio, usa la música para hablar de respeto e identidad. La denuncia tiene tanto espacio como lo emocional. La música puede conectar personas a kilómetros de distancia, puede hacer compartir emociones y pasiones, pero también ideas y reivindicaciones. 

Pero, ¿sabías que, además de todo esto, la música también es buena para la salud? 

¿De verdad la música cura? Qué dice la evidencia científica

Hace unos años, en Alcora (Castellón) el ayuntamiento firmó un acuerdo con la Universidad Jaume I para estudiar la mejora en la calidad de vida a través de la música y las artes. El proyecto abarcaba médicos, psicólogos y otros especialistas, y el resultado de la investigación se publicó hace poco. Los resultados son claros: en pacientes con Alzheimer y con Parkinson se encontraron mejoras, y en el caso de un paciente con ictus, la recuperación fue casi completa. 

No es nada sorpresivo: hace ya décadas que la medicina tiene científicamente “calada” a nuestra amiga la música. En cuanto la tecnología de la Resonancia Magnética funcional (RNM funcional) salió a la palestra, los médicos comenzaron a comprender mejor qué ocurría en el cerebro al escuchar, interpretar, pensar o sentir, y cómo se modifican las estructuras cerebrales con la música. 

Hoy sabemos que la música ayuda con diferentes trastornos mentales, ayuda a modelar las emociones, y puede tener efectos incluso en otros problemas físicos, como accidentes cerebrovasculares, o males asociados al estrés. Incluso existe una Federación Mundial de Musicoterapia que intenta extender sus beneficios.  

En su Tratado de Musicoterapia, E. Thayter Gaston explica que el origen de esta ciencia estaba en las trincheras de la Segunda Guerra Mundial: allí los médicos y enfermeras notaron que cuando un grupo de voluntarios pasaban por los hospitales a tocar y cantarle a los heridos, estos se recuperaban mejor. 

Pero lo cierto es que esto viene de mucho antes. Hace muchos siglos que los humanos usamos la música para sanar. Quizá desde el principio. 

Mucho antes de que la ciencia lo dijera…

Cuando, en la prehistoria, un miembro de la tribu enfermaba o estaba gravemente herido, la comunidad empezaba a cuidarlo. Lo sabemos porque tenemos pruebas arqueológicas: huesos sanados, enfermedades que han dejado marca ósea o dental y que sin ayuda no se habrían superado. 

Este cuidado contaría con la experimentación con plantas, claro. Y es de esperar que la música formaría parte: las primeras flautas de hueso, las primeras percusiones, que podían usarse igual para la celebración, es probable que se emplearan igual (quizá con otros ritmos y melodías) para lo ritual, para lo médico, para pedirle a la divinidad la curación. 

Quizá. Con la prehistoria, al carecer de textos, nunca puedes estar seguro. Pero en cuanto tienes textos, ahí lo encuentras: 

  • En el Antiguo Egipto, la música aparece en papiros médicos del 1500 a.C., que explican cómo puede curar el cuerpo y la mente, e incluso favorecer los embarazos. 
  • En la Antigua Grecia, Pitágoras, Aristóteles o Platón reflexionaron sobre la música, su carácter, su procedencia y sus efectos sobre el ánimo. Y ahí está la leyenda de Orfeo, que cuando tocaba su lira la gente se reunía a su alrededor para pacificar su alma. 
  • En la Edad Media se mantendrían todas estas ideas, y mientras por un lado la música crecía y ganaba polifonía mediante el uso religioso, también autores como San Basilio reconocían que calmaba las pasiones espirituales y modelaba los desarreglos del alma (que era su poética forma de llamar a las enfermedades mentales). 

El Renacimiento y la modernidad no hicieron sino profundizar en todo ello. Ahí está Felipe V con sus dolencias mentales incurables. Solo halló algo de paz después de que su mujer le contratara al castrato Farinelli para que le cantara durante semanas. Y el clavecinista Johann Gottlieb Goldberd le encargó a Johann Sebastián Bach sus famosas Variaciones Goldberg para que el noble a quien servía, Herman Karl von Keyserlingk, pudiera conciliar el sueño y descansar. 

La música tiene poder 

En todas partes, a lo largo de toda la historia, los humanos hemos percibido el poder de la música. Si lo piensas, es incluso misterioso. ¿Qué es realmente la música? ¿Cómo puede ser que algunos sonidos, solo por agruparse de una determinada manera, pueda entristecernos como si estuviéramos en un velatorio, transportarnos a la atmósfera en un casino online, dulcificarnos como si estuviéramos con el amor de nuestra vida, o darnos fuerza como el héroe que se levanta en el último momento? 

Sean cuales sean las respuestas últimas, la evidencia está ahí: la música sana. El cuerpo y, sobre todo, el alma. Es parte de nosotros. Es lo que más nos puede unir a todos. Al final, ¿no debería ser eso Eurovisión? 

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