Eurovisión

Reaccionando a ‘Eurovision: The Story Of Fire Saga’

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Hace ya quince días desde que Netflix, una de las plataformas digitales más consumidas en la actualidad publicó su nueva película titulada ‘Eurovisión: La historia de Fire Saga’. No es ninguna novedad que una plataforma tan popular se interese por uno de los eventos más seguidos de la televisión año tras año, lo que sí me sorprende es la manera en la que ha elaborado el proyecto.

Desde mi opinión, Netflix brilla por sus series y sus documentales, pero flaquea en sus películas originales, y no entiendo por qué ha decidido hacer una película alejada de la realidad en vez de desarrollar un proyecto a modo documental, con el podría haberse gastado un presupuesto muy reducido y haber atraído a un público más amplio con un argumento contrastado. Además podrían haberse hecho ‘free marketing ‘mutuamente.

Creo que la gran mayoría de seguidores del festival sabíamos que la película iba a tener muchos errores de documentación y producción, dado que alguno de ellos los habíamos ido descubriendo a través de los spoilers y promociones filtradas de la película en redes sociales. Yo no puedo juzgar la película desde un punto de vista puramente objetivo, porque denota falta de documentación por todas sus vertientes, y entiendo que su finalidad principal es la de entretener en lugar de la de informar. No obstante, considero que se podría haber ideado un proyecto destinado al entretenimiento pero basado en una realidad que ensalzase los valores del festival, los cuales además de representarse de manera inapropiada, dejan en bastante mal lugar tanto al festival como a la delegación de Islandia, el país en el que se ambienta la historia.

La película ya comienza con lagunas en la documentación de los acontecimientos puesto que el ‘Sögvakeppnin’ lo recrean como una gala única con 12 participantes, cuando las reglas actuales son de tres galas: dos semifinales y una final con 5 aspirantes. Cabe destacar la mala imagen que venden de la delegación islandesa, la cual dejan entrever sus preferencias respecto a una de sus participantes, Katiana (papel encarnado por Demi Lovato) y la falta de profesionalidad escogiendo a los últimos participantes a mano alzada y con un trato inferior al resto.

Tras la celebración de la final nacional, todos los artistas son invitados a una fiesta privada en un barco en el cual sucede una explosión donde los 11 aspirantes predilectos desaparecen del mapa y los protagonistas de la película se proclaman como representantes de Islandia en Eurovisión de manera inesperada y por rebote. Me parece una broma de muy mal gusto, puesto que la trama podría haberles dado la victoria directa sin necesidad de deshacerse del resto de participantes. Sinceramente me parece un humor muy rancio y desacertado, puesto que supone un ataque directo a los valores del festival, el cual busca la paz y la armonía entre las diferentes naciones y sus participantes a través de la música, y no el conflicto de intereses.

Aquí comienza el viaje de Sigrit y Lars al festival de Eurovisión. La película se salta todo el marco temporal de la pretemporada eurovisiva y la promoción de su canción, aterrizando en la ciudad anfitriona absolutamente solos y con una falta absoluta de comunicación con la delegación encargada de financiar y promocionar el festival en Islandia. El primer contacto de los representantes con el escenario deja de nuevo en un lugar horrendo a la delegación, puesto que hacen entender la carencia absoluta de ensayos y se enfrentan por primera vez a su puesta en escena para el festival. Evidentemente ningún país llega al festival sin haber ensayado en territorio nacional, y mucho menos sin saber cómo va a ser su puesta en escena o sus pasos de baile (Salvando la excepción que todos recordamos).

Además los personajes de la película están grabando su canción en estudio en la misma semana de ensayos, cambiando constantemente la versión, el idioma y la instrumentación de su canción ‘The Story Of Fire Saga’. Esto está prohibido por el reglamento del festival, dado que todos los países participantes tienen un plazo límite para presentar su versión final y oficial. Además, aunque la versión final de la cancón sea modificada, la EBU deberá haber percibido estos cambios dentro de plazo, como fue el caso de Bilal Hassani en Eurovisión 2019, el cual modificó el instrumental potenciando su balada ‘Roi’ y no pudimos escuchar esta versión final hasta la jornada de ensayos.

La trama evoluciona mostrando la actitud de los diferentes representantes de la respectiva edición, donde los supuestos representantes de Grecia y Rusia intentan manipular a los protagonistas para sus propios fines e intereses públicos, mostrando el lado más oscuro de los artistas. Todos somos conocedores del lado oscuro de la industria musical, pero a escala general, los representantes en Eurovisión se apoyan mutuamente y han dado lugar a verdaderas familias y amistades que perduran con el tiempo, fomentando la unidad y el trabajo en equipo.

Uno de los mayores zascas de la película hace referencia a las conductas cargadas de intolerancia que durante siglos han caracterizado a la madre Rusia, cuyo representante tiene una tendencia sexual que no está normalizada en su país. Este aspecto pretende lanzar un mensaje de tolerancia y libertad a todos los países, en especial a aquellos que aún juzgan y etiquetan la libertad.

Siguiendo con las inconcluencias argumentales de la película, las semifinales se llevan sin lugar a duda la palma a mayores errores de la película, dado que comienzan con unas votaciones tradicionales, algo que en semifinales no es posible, y después de otorgar los puntos anuncian a los 10 clasificados. ¿Qué sentido tienen anunciar a los finalistas cuando ya sabemos la clasificación por puntos? Además, el hecho de que haya países repetidos en el ‘scoreboard’ y de que aparezcan países como España o Francia en el tablón de las semifinales, cuando el Big 5 y el país anfitrión son finalistas directos cada año.

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En la cúspide de lo absurdo se encuentra el percance que tienen Lars y Sigrit en el escenario de Tel Aviv, donde la rueda gigante (usada por Mariya Yaremchuk en 2014) se enreda con el vestido de Sigrit y sale propulsada por Lars al foso del público, arrastrando a la cantante por todo el estadio. Un momento de comedia con final feliz dado que son capaces de subirse al escenario para finalizar la interpretación de su canción. Tras este bochornoso momento que a ningún eurofan se nos borrará de la memoria viene el abandono de Lars, el cual en menos de 24 horas vuelve a su pueblo sin comunicárselo a la delegación dejando a Sigrit sin apoyo en medio de la final de Eurovisión. Es evidente que un artista no puede abandonar del jueves al sábado el festival y deja una imagen del certamen bastante deteriorada y pasiva a las normas. Cabe mencionar que todo europeo que haya visto el festival y prácticamente cualquier espectador con sentido común, independientemente a su procedencia u origen, se puede imaginar que esto es una exageración y no es un acontecimiento similar al de una realidad.

Durante estas 24 horas que Lars pasa en su país, se aprecia una escena donde el jefe de delegación de Islandia intenta matar a su representante para evitar que su propio país ganase el festival, algo que no puedo entender que hayan permitido, dado que no tiene gracia como drama ni como comedia, y mucho menos que posteriormente el jefe de delegación sea asesinado por unos elfos. Hay que ver para creer.

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El happy end que todos esperábamos sucede cuando segundos antes de que Sigrit subiese al escenario de Tel Aviv para representar a Islandia en Eurovisión, aparece Lars vestido de pescador recorriendo las calles de la ciudad a toda velocidad para llegar a actuar en el certamen, decidiendo cambiar la canción por una que escuchó componer a su compañera en el hotel. Es evidente que no se puede cambiar la canción pasada la fecha límite y menos en riguroso directo, pero eso es algo que los televidentes no europeos no estoy seguro que lleguen a saber y que deterioran aún más la imagen del festival, como si del sueño americano se tratase.

En mi opinión, tras irrumpir todas las normas posibles del festival, creo que la descalificación de Islandia era lo último que me podría esperar y creo que deberían de haber hecho que ganasen, dado que por un error más podrían habernos dado el final más épico e impactante de la historia de una película.

Por todo este conjunto de errores y seguramente otros muchos de los cuales no me haya percatado tras haber visto la película en varias ocasiones, considero que no se debería haber relacionado este proyecto con el festival, dado que no tiene ningún punto de concordancia ni lógica con el certamen. Además, no me entra en la cabeza que errores tan sencillos como la programación de un scoreboard no hayan sido comunicados por parte de la EBU al director del proyecto.

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