Max Richter publicó el pasado viernes 16 de octubre de 2026 su nuevo álbum, While The Flood Rages, en CD y digital. El trabajo nace de su colaboración con Wayne McGregor para el ballet ‘MaddAddam’ y tendrá también una edición en LP el 27 de noviembre.
El proyecto escénico fue encargado conjuntamente por el Ballet Nacional de Canadá y la Royal Opera House, inspirado en la trilogía MaddAddam de Margaret Atwood. Supone la tercera gran colaboración entre el compositor y el coreógrafo, después de ‘Infra’ y ‘Woolf Works’, y fue concebido antes de la pandemia de COVID-19, que retrasó su desarrollo.
Lejos de trasladar directamente la música del ballet al disco, Max Richter ha reorganizado el material para construir una obra con entidad propia. Sus 15 pistas, distribuidas en tres actos, abordan la crisis ecológica, la aceleración tecnológica y la conexión humana mediante un paisaje sonoro continuo.
Grabado en Studio Richter Mahr, el álbum comienza con «Wave After Wave», que transforma una grabación procesada del océano en un pulso similar a un latido. Después, «Eerie Music» incorpora grabaciones electromagnéticas de los sistemas tecnológicos del estudio, introduciendo una electrónica fragmentada que convive con los sonidos de la naturaleza.
La pieza «While The Flood Rages» sitúa los momentos de conexión humana en el centro del relato, como contrapunto íntimo al caos que la rodea. Esa tensión crece en «The City Was A Chaos» antes de desembocar en «Quiet», donde aparece un motivo descendente de piano que reaparece transformado durante el disco.
El segundo acto amplía los contrastes con «Tell the Bees», de tono pastoral y cercano al folk, y «Data Ballistics», construida con sonidos de disparos manipulados. Las formas musicales tradicionales se combinan con texturas digitales para reflejar la tensión entre los antiguos sistemas de creencias y un presente marcado por la tecnología.
En el acto final, «Dawn» y «Background Radiation» reúnen coro, orquesta y electrónica, mientras el motivo del piano continúa cambiando de forma. El cierre corresponde a «Now We Can Sing», primer sencillo del álbum, inspirado directamente en el texto de Margaret Atwood y planteado como una reflexión coral sobre la voz y la conexión colectiva.

