Columna de Opinión Eurovisión Junior Eurovisión Junior 2024 España

El camino que acaba en una “Caja Mágica”

A escasos cinco meses para la gran cita del año las pocas noticas que van llegando se viven con una intensidad especial. Esta edición es una cura a la herida que dejó la victoria de Maria Isabel, una edición que tiene que llevar por bandera a los niños y niñas.

La vida de un eurofan es un no parar de sentir durante 24 horas, los 365 días del año y desde que nos saltó la bomba de que íbamos a ser la sede de Eurovisión Junior 2024 quizás se me quede hasta corto, pero para lo que tenemos ya cierta edad, podemos considerar que cerramos una herida cuando pensábamos que íbamos a disfrutar del mini festival cuando ganó Marisa I de España con el himno nacional «Antes muerta que sencilla».

Porque sí, señora’y señore’ yo soy de esa generación que entró a Eurovisión con Rosa de España, que un séptimo puesto la supo a la más amarga de las derrotas, que con octavo puesto de Beth lloró porque creía en una victoria asegurada y que encontró en el festival de los más pequeños el consuelo de quedar tan bien y vivir esa vibrante victoria en directo.

Y por si cabía alguna duda que uno nace eurofana, no se hace, tengo mi disco de Eurojunior 2003, además verdadero, no vayas a creer que es comprado en el top manta de cuando iba de vacaciones a Gandía. Del cual me atrevo a afirmar dos cosas, la primera de ellas es que se trata de la mejor preselección que hemos tenido en España, tanto senior como junior, parafraseando diría que “Temazos, temazos, todo temazos” y la segunda es que podría cantarte el disco entero sin equivocarme en más de dos letras… Pero es que ahora mismo un «Sinverguenza», un «ChachiPiruli» o un «Navegando por la red» seguiría sonando igual de fresco y con claras aspiraciones a la victoria.

Recuerdo la noche del 20 de noviembre de 2004 como si hubiera sido el mes pasado, uno ya empezaba a salir con los amigos y ya uno ese día buscaba sus escusas para irse a casa prontito a ver Eurovisión. España era favorita y recuerdo a mis padres decir “sí como siempre y luego quedaremos fatal” como veis las cuñadeces están bien arraigadas.

Pero ahí llegó Maria Isabel, a golpe de abanico apartando la lluvia de 12’s de aquella noche y su grito de “Españaaaaa” que me sigue poniendo los pelos de punta como el primer día. Cuando acabó todo lo tenía claro, yo quería ir a Eurovisión al año siguiente, desconociendo por completo el sistema tan raro que seguía la elección de sedes del pequeño certamen… Europenando desde tiempos inmemoriales.

Alerta eurodrama cotas insospechadas, a eso le juntamos en que dejamos de participar 2006, en el de mayores empezamos con la etapa más negra y oscura… Por tanto, cuando me vienen diciendo que nininini de ser sede de Eurovisión Junior, mi respuesta es clara: M.E.L.A.P.E.L.A

España organizando saraos de gran envergadura es buena, muy buena, y siempre dejamos muy buen sabor de boca, damos ese toque especial, ese toque de pasión, de color… Y sobre todo de intensidad, cualquier artista que pisa España lo que más valora es lo puto locos, entregados, que nos volvemos con los artistas y para esta ocasión por supuesto no espero menos.

¿Qué le pido a RTVE? Dentro de las muchas cosas que me gustarían creo que una estaría por encima de todas. Desde que hemos vuelto se ha apostado por un concepto del junior para niños, con candidaturas infantiles, acordes y no con niños y niñas que juegan a ser demasiado mayores, algo que cuando lo veo en otras candidaturas me hecha mucho para atrás. Esa máxima parece estar en nuestra televisión pública y por tanto, tiene que ser la bandera de esta edición 2024.

Quiero que la Caja Mágica esté llena (literalmente los Juegos del EuroHambre por las entradas será) pero quiero de público a mucho niño y niña, a familias completas, un evento de crear cantera eurofana… No sabéis la envidia que me da, cuando veo el Melodifestivalen cuando salen juntos el niño, el padre, la abuela y el vecino del quinto juntos celebrando, esa tiene que ser la máxima de España un festival Junior, para un público Junior.

A partir de ahí la lista de deseos puede ser como una carta a los Reyes Magos, en cuanto a presentadores, intervals o representantes… Pero aquí, como siempre digo, para gustos technicolour. Pero si que pido una pequeña cosa, que abramos miras y no se quede en algo de Eurovisión para Eurovisión. Me explico, las presentadoras, me gustaría una Ruth Lorenzo o una Melani, pero complementemos con una ¿Lara Álvarez? Fuera total de la burbuja Eurofan.

Un Interval con los nueve representantes de Eurovisión Junior sería fantástico y creo que obligatorio, pero otro podría ser de Canta Juegos o porque no un come back especial de Los Lunnis con Lucrecia. Lucho estando en la green room me parecía algo precioso por las muchas implicaciones que tendría.

Conclusión, eurovisión sí, pero abriendo miras y los niños como eje central. ¿No pido tanto no?

Luego respecto a la edición en sí, de momento tenemos el camino “natural” de todos los años… Regresos que se resisten (esperamos este año uno), alguna baja importante como la de Reino Unido y un baremo de países que no es alto, pero se mantiene… ¿Enterrar el Festival? Otra tradición más por estas épocas del año, pero sinceramente, creo que España le dará un buen soplo de aire fresco y una lección de juvenil buen gusto, como diría aquel mítico comentarista.

Muchos países empiezan a mover sus cartas, nadie como Países Bajos, llevan desde la primera edición y su preselección nacional es un evento en sí mismo, saben jugar y saben brillar. Es más, me sorprende las pocas victorias que tienen, presentando los temazos que llevan todos los años.

Armenia, su palmarés es envidiable y lleva tres años sin bajarse del podio. Nos presentarán a su representante a vísperas del cierre del plazo y nos volará la cabeza como todos los años.

Y si hablamos de potencias no podemos dejar de hablar de la reina de todas ellas: Francia. Siete años en competición, tres victorias y un sexto puesto como peor resultado (por favor, volver a leer porque es impresionante).

En definitiva, niños y niñas con un talento innato, con una seguridad en el escenario que ya quisiéramos muchos (me incluyo) tener la mitad que ellos en nuestra vida, donde forjan amistades, donde viven la experiencia que marcará su vida para bien y donde compiten, por supuesto que compiten, como lo hacen en su vida y como lo harán el resto de su vida. Pero llevándose más cosas buenas que malas, de eso estoy seguro. Prueba de ello, es que muchos vuelven o lo intentan en el festival de mayores. Y que desde bien pequeños es importante que sepan que no todo es ganar y aprendar a gestionar la frustracción y el fracaso. (dejo esas dos emociones para Inside Out 3).

Lo importante es que ahora nos quedan 144 días para ese día, nos queda una traca final de noticias, de noticias que nos van a poner a prueba nuestro eurocorazones, una línea gráfica, un escenario, un anfitrión… Y el resto de países a ofrecernos los mejor. (No negaré que deseo con todas mis fuerzas vivir una victoria en casa... Si sucede y veis aparecer médicos en el arena, no os preocupéis seguro que soy yo que me dio un jamaberzo).

El eurodroma que viviremos cuando salgan las entradas a la venta y se agoten en 30 segundos y twitter sea una batalla campal… #SerEurofanNoEsFacil, pero es que ser eurofan en un país anfitrión está catalogado como auténtico deporte de riesgo.

Tenemos que vivir con nuestra intensidad habitual este camino, Eurovisión está en España y no sabemos cuando podrá volver a suceder este acontecimiento. Es más, la última vez fue en 1969 (55 años) sinceramente, si tarda ese tiempo en volver a ocurrir esto, yo creo que estaré de viaje, por tanto, pienso vivirlo como si fuera el fin del mundo.

Por lo que sí que tenemos y debemos hacer es disfrutar el camino, a fin de cuentas acaba en una Caja Mágica. ¡Nada puede salir mal!