Querido Festival de Eurovisión:
Nos conocimos por casualidad, una bonita casualidad. Yo empecé a ver Operación triunfo con 11 añitos y me hablaban de Eurovisión y no sabía muy bien que era. Pero estaba enganchado a este programa musical que servía para elegir el representante de España. No nos vamos a engañar, para mí la opción perfecta era Bustamante con «Urgente», entendí que fuera Rosa, Rosa de España y con los años entendí que con «Corazón Latino» hubiéramos conseguido la tercera.
Aún recuerdo la primera final que coincidimos tú y yo, la de 2002. Te iba escuchando en el coche, en la radio, porque mis padres nos llevaron al Pryca a pasar la tarde. Lo que escuchaba por la radio me encantaba, tanta variedad de estilos… El drama de que Geno había dado la vuelta mal… Y empezaron las votaciones. Aquí es importante recordar que yo no sabía que leches estaba escuchando, no sabía nada de ti. Votaba el primer país, no lo olvidaré nunca: Chipre. Por esa época los puntos se iban dando de uno en uno, entonces con mi nivel de inglés de un niño de 11 años escucho “Spain seven points” me pongo a gritar a celebrar y mis padres me dicen “Calma que el máximo son 12 puntos”.
Me daba igual lo que me dijeran, yo estaba dentro y como media España pensé que Rosa iba a ganar ¡¿Cómo no iba a ganar Rosa de España?! Llegué a casa a mitad de las votaciones y mientras que el resto de mi familia hacía cosas yo puse La 1 y me quedé pegado a la televisión, mis ojos te vieron por primera vez. Escuche por primera vez los comentarios de ti “No vamos a ganar, esto está trucado” “Siempre quedamos mal” te acaba de conocer hace unas horas escasas, pero me dolía que dijeran esas cosas de ti. Yo vi actuar como ganadora a Letonia y me flipó me encantó, a día de hoy en contra del gran sentir popular se comporta como una ganadora excelente.
Pero no fue suficiente para mí, yo quería más, yo quería saber que había visto y escuchado, que era, como funcionaba, lo quería todo. Y queridos, en 2002 el internet en casa era de ricos. Pero mi madre, vio ese brillo en mis ojos y me dijo, no te preocupes que mañana lo repiten otra vez. Pues ahí estaba yo, desde las ocho de la mañana viendo La1 esperando a verte de nuevo. No recuerdo cuando empezó, pero te vi entero, no podía parar de mirarte y algo nació dentro de mí. Empecé a quererte.
Ese año mis juegos en casa eran contigo, jugaba a Eurovisión. Con los tazos ponía los puntos del 1 al 12 y en otro los países. Y el azar repartía los puntos. Tengo que ser sincero que “misteriosamente” España siempre solía quedar muy bien. Un juego trucado… Era un visionario para Eurovisión 2026.
Al año siguiente volvió OT y Beth, ganó mi favorita. Seguía todo de ti donde buenamente podía, recuerdo las semanas previas viendo todo en la revista Pronto que siempre estaba en mi casa. Devoraba cualquier información, lo guardaba todo. Estaba enganchado a ti. Yo escuchaba y leía que este año éramos muy favoritos y en mi casa seguían metiéndose contigo “¡Buah! Como siempre y luego nada” pero yo decidía creer.
No recuerdo bien la hora, pero había un especial en la tele donde ponían los videoclips de los países participantes y yo los grababa en mi VHS, algo del pleistoceno como poco. Y adoraba Rusia, las TATU eran para mí un señor temazo. Años después descubrí los ríos de tinta que provocaron las chicas. Lo que salía en la Super Pop y poco más.
Llegó el día de la final y estaba histérico por verte de nuevo, un año sin verte y necesitaba de ti. Me tocó verlo solo en mi habitación (la primera de muchas) porque supongo que mi señor padre estaría viendo el fútbol. Me fui a mi tienda de barrio a por el suministro de patatas y chucherías. Mi infancia es complicada, pero no te compartía con nadie, eras solamente mío.
Y entonces empezaste, sentí un escalofrío cuando sonó tu famoso Te Deum, un escalofrío que me ha acompañado año tras año. Y mi madre me dijo que la avisara cuando saliera España que la quería ver (ejemplo perfecto del televidente promedio). Acabó la actuación de las TATU y nos tocaba a nosotros, la avisé y cuando llegó a mi cuarto estaba literalmente hecho un flan, me temblaba todo de los nervios, me amenazó con apagar la televisión y dejar de verte. Por tanto, apagué mi fuego externo, lo que avivó más el interno. Ella no comprendía lo que yo sentía por ti.
La actuación de Beth fue un desastre y me quedé con un mal cuerpo nada más acabar…. Estaba viviendo sin yo saberlo mi primer eurodrama. De los gordos. Lloré no me voy a esconder. España tenía que ganar. Pero lo que tenía claro es que además ya estaba esperando el domingo por la mañana para volver a verte. Cuaderno en mano para apuntar todas las puntuaciones. (Actualmente sigo teniendo esos cuadernos en casa de mis padres).
Desde entonces no fallaba año tras año, «My number One» se convirtió en mi credo y Helena la diosa a la que rezar. Recuerdo que vino un circo ese año a mi pueblo y ponían la canción a todo trapo. Me hacía tan feliz escuchar algo de ti. Mi pequeño secreto, o lo que yo creía que nadie veía, estaba en el mundo real, lo sentía como una pequeña victoria.
En el instituto ya la crueldad hacia mí iba en aumento y la primera vez que me atreví a verbalizarte en alto fue el motivo para que esa crueldad encontrara un nuevo motivo. “Maricón”, “Fiki”, “Rarito” …. Pero me daba igual, lo que teníamos tú y yo era especial, era único, era luz en mi oscuridad, eras algo super importante en mí. De las pocas cosas en esa época que me aportaba felicidad.
Pero tengo que pedirte perdón porque te mantenía en secreto por miedo. Salía poco y casi obligado para que mis padres no pensaran que tenían un hijo que trataban mal o sin amigos, aparentando una normalidad que no existía… Porque sí, para mí la culpa de la situación era mía. Pero ese sábado me quedaba en casa, decía que estaba malo, algo me dolía… Podía engañar a aquellos que llamaba amigo porque que fuera o no les daba igual, quizás perdían el centro de sus burlas. Pero a la que no engañaba era a mi madre, a esa nunca se la engaña. Año tras año llegaba a mi habitación y se ponía a mi lado para ver la actuación de España. Y decir lo mucho que le gustaba, aunque fuera un cuadro.
Quien me iba a decir que, en clases particulares de francés, iba a poder a hablar de ello con una compañera de clase. La que pasados los años es mi mujer y madre de mis hijos. ¿Acaso alguien dudaba que solo me podías traer cosas buenas? Es más, desde 2008 que vimos el primer festival juntos, no nos hemos vuelto a separar, en la vida en general también.
Llegó 2009, tenía 19 años e internet llegó a mi casa. Podía buscar todo lo que quisiera de ti, cualquier dato, tu vida. Busqué sobre tú pasado y empecé a hacer ranquines de todos los años (no sabía que era defecto eurofán), a tener mis favoritas, a descubrir la que hasta día de hoy será para mí la actuación más perfecta «Tu Te Reconnaîtras».
Y la casualidad me llevó a descubrir dos cosas. Eurovision Spain, una página que tenía todo lo que siempre había querido, me hice socio y hablaba con gente que te compartía. No sentí celos, me sentí abrazado. No era raro, no era friki, no me tenía que sentir culpable porque me gustaras. Y el otro gran descubrimiento fue un podcast: La vida es un festival. Estaba Víctor Escudero al mando, para mí un eurofán más por esa época. Seguía siendo tan novato de ti.
Desde ese momento la información de ti era infinita ¿Y sabes qué? Que por mucho que tuviera de ti, nunca era suficiente, no me hartaba de ti, siempre quería más y tu me lo dabas. Me hacías feliz, eras refugio, nadie me hacía sentir tan bien como tú.
Empezamos una época oscura con Antonias y Pacos, pero con el paso del tiempo decidí que yo iba con España, pero que luego podía tener otro país que quería que ganara. Porque yo siempre he sido de los que a última hora se agarraban a un clavo ardiendo y pensaba que íbamos a quedar súper bien, aún recuerdo la ostia con Soraya….
2014 marcaría muchísimo mi vida, pero parafraseando, la vida es un festival. Y llegaría Ruth Lorenzo a mi vida. «Dancing in the rain» fue una tirita en mi corazón, Ruth mi inspiración y alguien que ha marcado mi vida a ritmo de su música. Hasta el punto de acabar tatuándome parte de su canción “Aunque llueva y nos mojemos, no pararemos de bailar”. Es la frase de mi vida. Es más, sonó a la entrada de mi boda.
No sé en qué momento exacto, pero mi pasión por Eurovisión no la escondía, supongo que los años te hacen más fuerte. Que no quita que los comentarios dañinos siguieran doliendo, pero lo que se sentía en el pasado como un desgarro en la piel, ahora eran pequeños pellizcos. Siempre lo he dicho me dabas tú mucho más que lo malo que me quisieran quitar.
Con la tarifa plana, empecé a seguir preselecciones de muchos países, algunas infumables. Publiqué dos columnas de opinión en EurovisionSpain, estaba metido en tú mundo y cada vez que podía hablaba de él. Un mundo que a mi yo de 2002 le hubiera encantado saber que éramos muchos los que te amábamos de una manera muy difícil de explicar. Vicente Rico entraba en mi casa durante tres semanas, lo veía más que a mis propios padres y le sentía como de mi familia.
Creo que el pico de felicidad contigo, llega viendo la preselección de Francia. El anuncio de ESCPlus buscando colaboradores. Era como el anuncio que siempre había deseado, pero mi autoestima y amor propio, que no es mucho me decía que no debía de intentarlo, no iba a ser escogido. Pero a ritmo de «Voilà» me animé. Cuando conseguí pasar todas las fases y estar dentro de esto, ni yo mismo me lo creía.
Empecé a opinar de tus ensayos, a tener información que para mí me parecía privilegiada, recordaré siempre la primera vez que pude ver los ensayos (cuando se podían ver todos), nuevamente podía llorar contigo de felicidad. Y lo compartía con un equipo maravilloso. Algunos de ellos estableciendo una relación especial, Hugo que tanto me ha regañado y que tanto me ha enseñado, con David que siempre confía en mis columnas de opinión y a mi Cris, es más que compañero, es amigo.
Pero parece ser que, en esta vida, todo lo que sube tiene que bajar y llegó el momento que estaba convencido que toqué el cielo contigo. Descubrí Eurovisión a mis hijos, creé un pequeño eurofán que su brillo en los ojos contigo, eran el mismo brillo de su papa con 11 años. Cuando no me podía sentir más feliz y conectado llegó una herida que parecía pequeña, pero que se posó dentro de mí y empezó a podrir todo de manera silenciosa.
La victoria de Ucrania en 2022 me dolió, es algo que quizás no exterioricé por miedo a la crítica, por miedo a parecer alguien sin corazón. Pero el acto de solidaridad hacia Ucrania le comprendía, pero no le aceptaba, es así. Porque tengo que reconocerlo, sentía el miedo de morir sin ver una victoria de España.
Pero pobre de mí, esto era el inicio de algo mucho más oscuro. El país que me niego a nombrar y que todos sabéis irrumpió edulcorando un televoto en 2024 y en 2025 de manera descarada, empezó a abusar de ti a ojos de todo el mundo y tú no te defendías ¿Por qué? ¿Por qué un país estaba contaminando nuestra relación? No quería que eso pasara, pero una sombra negra se iba cerniendo sobre nosotros, por mucho que intentaba apartarla.
La final de Eurovisión 2024 la viví con miedo, la viví como una muerte que iba a llegar a ti, a una de las cosas que más quería en el mundo y no podía hacer nada por evitarlo. No entendía que algo que me había protegido de pequeño, algo que me había salvado la vida (Y no, no es exagerado, nadie como tú me protegió y me abrazó en los tiempos más oscuros de mi vida) iba a llegar a su fin.
Finalmente, no pasó y tengo un sabor agridulce, porque ese festival mi pequeño eurofán vivió su final de manera consciente, tenía su favorito, Finlandia que quedó fatal. Lloró por el resultado, se enfadó y pintó banderas conmigo. Él no lo sabía, pero yo sabía que te habías metido dentro de él como lo hiciste conmigo. Pero lo que unos años antes hubiera sido tan disfrutable, por un momento me asustó. Estabas corrompido y habías entrado en algo que amaba profundamente, incluso por encima de ti.
Sabíamos que algo estaba roto entre tú y yo, algo que las redes sociales no ayudaban a solucionar. Pero que mi pequeño eurofán conseguía poner su pequeña mano en la herida entre nosotros y remitir la sangre que salía de nuestra herida, pero sin cortarla.
Y llegó la final de 2025. Lo nuestro pendía de un hilo. El Te Deum no me despertó el escalofrío que llevaba sintiendo desde hace 23 años, algo estaba fallando. Y me vi como un loco, como una persona que odia sin razón, sin cabeza. Era el país del demonio o tú. Te quería a ti, por encima de todas las cosas, como siempre había sido y se consiguió. Por los pelos por segundo año consecutivo.
¿Pero qué precio pagué? Lo supe cuando acabaste. Nuestra relación ya no era bonita, tu ya no eras el de siempre y yo no quería verlo. Es algo que me lleva persiguiendo desde la final, un sentimiento terrible, el querer seguir contigo a sabiendas que ya no me aportas nada bueno.
Te prometo que lo he intentado, te prometo que lo he meditado, que he aislado las voces malas contigo, me he apoyado en muchas y diferentes cosas. Pero estás corrompido, estás al servicio de un país que hace de ti lo que quiere por sus intereses, solo tienes ojos para él y aquellos que nos enamoramos de ti, aquellos que te guardamos dentro de nosotros como el bien más preciado nos has traicionado, nos has roto el corazón.
Creo que te he amado tanto, que te he amado más de lo que he hecho conmigo y esto me está destrozando. Quiero pensar que no es un adiós, que es darnos un tiempo, esperar a que pase esta tormenta. Pero lo que sé es que cuando esta tormenta pase, cuando esta tormenta que me está calando entero pase, saldré de ella, pero como una persona diferente. Y no sé si podré llegar a sentir lo mismo.
Hoy te digo adiós, no del todo convencido, no del todo seguro si acabará siendo solo un hasta pronto. Pero también sé que lleva un agradecimiento. Gracias por ser refugio, por ser salvavidas, gracias por darme grandes recuerdos de mi vida. No te voy a borrar ni mucho menos. Pero ahora es momento de sanar.
Querido Eurovisión, hasta pronto o hasta nunca, dependerá de ti.
Te quiero.

