Albania

Anxhela y su Karma representarán a Albania en Eurovisión

Albania nos ha regalado la primera final nacional de la temporada de Eurovisión 2021. Adaptándose a las circunstancias de la pandemia que vivimos, la RTSH ha adaptado el formato a las necesidades actuales y planificó unas semifinales y una final con actuaciones pregrabadas en la Plaza de Italia de Tirana.

La gran final, al igual que las semis, contó con una votación en directo en base a las actuaciones pregrabadas, si bien la de la final es diferente a la de la fase previa, para intentar asemejar al máximo este Festivali i Kenges al de años anteriores.

La apertura, muy exuberante, representaba las circunstancias de la pandemia con calles vacías y parejas separadas que no pueden tocarse. Sin duda uno de los aspectos más criticados por la audiencia fueron las pausas, pues hubo ocasiones en que pasaron más de 15 minutos entre canción y canción entre pausa publicitaria y actos intermedios.

El primero en pasar por el escenaro fue Sardi Strugaj. Su Ka me t’ba me kajt nos dejó la presentación más oscura de todas. Una bailarina encerrada en una jaula y unos hombres vestidos de negro que la custodiaban mientras Sardi cantaba sobre la propia reja. No obstante, los tempos fueron muy interesantes y combinaron con una canción que caló más de lo previsto en la audiencia.

Më mbron es una canción a la que le faltó el punch final. Pese a que Xhesika Polo lo puso todo y las voces corales le daban un punto de misterio a la canción, se echó de menos algo más. Un poco corta la canción.

El Valixhja e kujtimeve de Orgesa Zaimi es algo diferente. Las trompetas dan a la canción un aire animado y distinto al resto, alejado del folclore más puro y la interpretación es brillante. Quizá mereció algo más.

Vesi i shpirtit tim es la propuesta de Wendi Mancaku. Pese a que la base dejaba intuir un ritmo alto, no se vio por ninguna parte. Le faltó romper al tema que se quedó algo corto para lo que cabía esperar de él.

De lo más animado de este FiK59 fue Zjarri Im, el tema de Era Rusi. Una de las favoritas con una puesta en escena muy ardiente –no en vano los cañones de fuego y la pantalla trasera no pararon- y con el acompañamiento de los tambores que mantenían la esencia albana. Triunfadora en las redes.

Con una voz grave y ronca comenzó cantando bajito Gjergj Kaçinari su Më jep jëte. Poco a poco la música y el ritmo subieron hasta dejarnos una canción que, en ocasiones, recordaba a Pioneer de Hungría 2016.

Unas hombreras que ocupaban más escenario que ella misma y una música 100% albana. Esta es la descripción más precisa que podemos dar de Vashëzo, la canción de Rosela Gjylbegu. Trajes tradicionales en los coristas y sonidos de viento puramente folclóricos en otra canción que no vio su calidad reflejada en el resultado.

Peng fue la apuesta de Devis Xherahu. Una balada de las más sensibles y calmadas de la edición que aumentaba el acompañamiento musical con el paso de los segundos. Al son de la guitarra, Devis comenzó su interpretación encendiendo una vela, un detalle que dio lugar a muchos memes.

Que Albania y España tienen una relación especial en Eurovisión y que la cultura española gusta mucho en este país no es un secreto, si bien Mirud elevó esta situación a un siguiente nivel al presentarse en el escenario de Tirana con un traje de luces. Nëse vdes no está cantada ni mucho menos en español, ni siquiera se parece a la música española, pero sí que ciertos elementos de la puesta en escena denotaron la influencia hispánica en la canción del cantante albano. Muy interesante, sin duda.

Gigliola Haveriku no arriesgó demasiado con la puesta en escena y la canción. Parece que a E lirë le falta algo de ritmo, pero aun así estuvo muy bien interpretada.

Pese a carecer de voz, Viktor Tahiraj interpretó Nënë dando todo de sí y derrochando carisma con su sombrero. Llegaba a recordar a las participaciones de Serhat en Eurovisión, aunque el turco siempre supo rodearse de coristas que compensaran su falta de voz, algo que Viktor no consiguió.

Una de las sorpresas de la noche, pese a que el resultado no le acompañó, fue Kamela Islamaj. Su Kujtimet s’kanë formë es brillante y su interpretación estuvo muy a la altura. Quizá le falló no ser una canción tan vistosa, pero no por ello debe dejarse pasar la oportunidad de remarcar su calidad.

Florent Abrashi salió acompañado de un corista a su lado que, por momentos, parecía ser quien interpretaría Vajzë, la apuesta del kosovar. La canción, pese a todo, resultó tener un tono amable que se pegaba durante los 4 minutos que duró.

Llegaba como la gran favorita de la gala pero se quedó bastante más baja de lo esperado, sin entrar siquiera en el top 3. Inis Neziri dejó a todos boquiabiertos con su gran actuación. Pendesë es un tema a caballo entre la balada y el poco que, pese a no contar con ningún exceso, se convirtió en la sensación de la noche.

3 minutos necesitaron los bailarines de Tjerr para soltar el nudo que les mantenía atados. La canción de Evi Reçi fue bastante interesante y muy bien ejecutada. Un punto intermedio entre balada y pop que se conjuntó de buena forma.

Anxhela Peristeri volvió con su Karma a por todas con una balada etnopop  que hizo las delicias de los espectadores. Bien ejecutada y sin derroches de cámara que acabó por conquistar al jurado albano para hacerse con el título. Sin duda ha sido la más espectacular de la noche.

Las baladas no pararon y Festina Mejzini ofreció su Kush je ti dashuri para deleitar al oído del espectador. Bien plantada en medio del escenario, interpretó su tema que contaba con la acertada participación de una guitarra eléctrica que dio el toque final.

Rompedora puede que sea la palabra adecuada para describir Vallja e jetës. Su voz grave y su estilo rock con tintes étnicos permitieron a Kastro Zizo destacar, si bien tampoco pudo ser congraciado con un resultado muy destacable.

Tras las actuaciones, durante la deliberación, vimos de nuevo a Eugent Bushpepa sobre el escenario y, tras su proclamación como vencedora del 59º Festivali i Kenges, Anxhela volvió a interpretar su Karma, con que se marchará a Rotterdam en mayo.

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